Guazapa, San Salvador, El Salvador

Guazapa, San Salvador, El Salvador
Quiero llevarte en mis ojos como la ternura que un hombre lleva en sus mirada. Mirada viajera del tiempo retenido, como pupila siempre nueva, contenida, retenida, desnuda y renovada.

6 de septiembre de 2011

Lenguaje, cultura y teología.

Dicen en Guatemala que “mango no come mango”. Este es un dicho popular y cultural porque sólo allá lo he escuchado, entre otros. El dicho se refiere a una persona que se considera a sí misma bella,  hermosa, casi llegando a la perfección; además con una autoestima sumamente alta porque se considera apetecible, llamativa, que está en su punto, de buen sabor y madurez. En definitiva una persona espléndida, cálida y dulce. También, en su sentido negativo, el dicho, raya con la soberbia, el orgullo, la autosuficiencia y la egolatría. Es una persona-sol que tiene luz propia, no es  persona satélite.

Generalmente incorporamos en el idioma frutos, instrumentos de trabajo, animales, objetos, insectos o parásitos de la tierra. “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”; “el árbol se conoce por sus frutos”;  “la cuña para que aprete debe ser del mismo árbol”, “no se le piden manzanas al limonero”; de una espina, una rosa” etc. Conozcamos algunos dichos centrados en instrumentos de trabajo: “Quien pone la mano en el arado y mira hacia tras, no sirve para el reino de Dios”; “machete estate en tu vaina”; “en casa de herrero, cuchillo de palo; “tiene el sartén por el mango; Lo que le dice el comal a la olla”. O decimos  he buscado “como aguja en un pajar”; o cuando esperamos a alguien: “te esperaba como agua de mayo”.  El trópico es tan exuberante, tan rico en sabores, colores, climas, árboles, frutas, animales y metales etc.,  que llegan a ser parte constitutiva de nuestro idioma.

Jesús también, como hombre de su época y su cultura, utiliza el conocimiento de la realidad para su predicación, para hablar sobre Dios y su proyecto. Utiliza símbolo como: Arado,  puerta, lámpara, siembra,  cosecha, higuera, trigo, cizaña, vid, sal, candelero, barca, redes ; la construcción de una casa, las  alcancías del templo, el símbolo de la tumbas, los cambios en las estaciones, el vestuario,  etc. Ejemplos de ese modo particular que tiene Jesús de teologizar el lenguaje cotidiano serían: “vengan conmigo y les haré pescadores de hombres” (Mc 1, 37); “¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?... “vino nuevo, en odres nuevos” (Mc 2, 18-22); una vez salio el sembrador a sembrar y al ir sembrando…(Mc 4, 1-9);”Con la medida que midan se les medirá y aun con creces” (Mc 4, 24-25); El niño es símbolo del seguimiento, “si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9, 30-37); “El reino de Dios es como la semilla que crece por sí sola…” (Mc 4, 26-29); “los zorros tiene madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza” (Mt. 8, 18-22).

También utiliza en sus discusiones símbolos socio-políticos, económicos y religiosos como: El tributo al César (Mc. 12, 13-13);  la resurrección (Mc 12, 18-27);  el vestuario clasista  de los fariseos y el gesto sencillo de la viuda (Mc 12, 38-44); El discípulo es como la sal  y la luz del mundo, no del cielo (Mt 5, 13-16; 9, 42- 50). Jesús es un hombre que se encarna en la realidad de su pueblo, asume la cultura, el idioma, las tradiciones y, además, desenmascara las ideologías político-religiosas de la clase dominante. Desde el lenguaje y la cultura, Jesús teologiza la realidad de Dios y su proyecto. Habla con autoridad (Mc 2, 1-12; 4, 35-41; 11, 15-19; 11, 27-33).

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