Guazapa, San Salvador, El Salvador

Guazapa, San Salvador, El Salvador
Quiero llevarte en mis ojos como la ternura que un hombre lleva en sus mirada. Mirada viajera del tiempo retenido, como pupila siempre nueva, contenida, retenida, desnuda y renovada.

23 de abril de 2013

Siberiano, génesis de amor… Vuelvo del campo.


Fue un día de contrastes, ayer en mi día libre. Como el día y la noche en sus matices; el sol y la sombra en el día y, la luna y la noche en la noche. Amaneció a penas con luz de día, más bien, parecía noche con un poco de luz tenue, porque el cielo oscuro humedecía la tierra con su llanto.

El clima ya no era agresivamente caluroso, sino fresco, húmedo y con brisa. Voy por la carretera de madrugada hacia el Zonte, un amigo me hizo el favor de conducirme. Contemplo con alegría todo lo que  Dios me va revelando a su paso: “Los cielos cuentan la gloria del Señor, proclama el firmamento la obra de sus manos. Un día al siguiente le pasa el mensaje y una noche a la otra se lo hace saber. No hay discursos ni palabras ni voces que se escuchen, mas por todo el orbe se capta su ritmo, y el mensaje llega hasta el fin del mundo" (Sal. 19 (18), 1 – 8)

El Zonte está ahí_ a la vuelta de la curva_ solo, fresco y húmedo. Nacen en el día las nuevas palabras, palabras de saludo y educación, las personas se encuentran y se saludan con un “buenos días”. Esta práctica en las urbes casi se ha perdido. El Zonte me espera sin saberlo porque no se mueve, es un lugar fijo. En el Zonte comienza mi día de descanso. La espera es el principio del encuentro y la felicidad; veo las montañas al fondo del horizonte y comprendo   que: “ Antes que fueran engendradas las montañas, antes que nacieran la tierra y el mundo, desde siempre y para siempre, tú eres Dios” (Sal 89, 2-4).

Mi amigo aparece por el camino aprisa y con una gran sonrisa, parece que así se describe un encuentro. Nos saludamos y abrazamos, caminamos a la par en dirección al pick up que nos espera. La alegría es tanta que no dejamos de expresarnos. El Pick up es rojo enlodado, parece que el invierno ha llegado. Es increíble voy de descanso al campo, los pulmones se me llenan de felicidad y aire fresco mañanero. El rocío de la mañana es una acción de gracias al Creador por todas sus bondades:¡Oh Señor, nuestro Dios, qué grande es tu nombre en toda la tierra! Y tu gloria por encima de los cielos… Al ver tu cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado, ¿qué es el ser humano, para que te acuerdes de él?  ¿Qué es el hijo de Adán para que cuides de él? Un poco inferior a un dios lo hiciste, lo coronaste de gloria y esplendor”. (Sal.8, 1-8).

Comienza la ruta, el amanecer me va descubriendo la novedad en la diversidad de situaciones y de paisajes: La calle enlodada y resbaladiza, los piñales enfilados a la orilla de la calle haciendo guardia, las piedras por todos lados invadiendo la mirada y no digamos las quebradas que aparecen de repente, anunciando barro atascado. Seguimos la ruta, los perros laten y mueven sus colas de alegría, las gallinas cacarean por el patio, los cerdos “secos” y mal olientes en los lodazales refrescantes se dan la gran vida;  el río sigue su ruta, caminante inagotable siempre hacia abajo, nunca hacia arriba. 

En las casas campesinas ya despertó la vida, el humo de las cocinas anuncia el olor a comida recién hecha y calientita, el olor a la tortilla de comal es imperdible y el aroma de ese negrito madrugador con olor a café. Las vacas en el corral o cerca de las casa esperando ser ordeñadas, los niños descalzos y sin ropa aparen viendo hacia la calle donde va a pasar el pick up que nos traslada, sin detenerse. La realidad de la tierra, de nuestra tierra es que en todo está presente somos de ella y no podemos vivir sin ella: “Enséñanos lo que valen nuestros días, para que adquiramos un corazón sensato...Que la dulzura del Señor nos cubra y que él confirme la obra de nuestras manos” (Sal. 90 (89))

El camino avanza en dirección contraria al río, el río va hacia el mar y nosotros vamos hacia la montaña. Siberia en las alturas de la montaña, cantón de Chiltuipán, municipio de La Libertad. La noche sin ruido va llegando a los hogares, invade el campo como sábana de silencio. La noche tan bella como todas las noches, aparecen las luciérnagas jugando “escondelero”, se apagan y encienden en otro sitio, los grillos no dejan de gritar, chillar, llorar y relajear. La noche oculta las cosas, oculta los amores, la noche desarrolla el sentido del tacto, el roce de los cuerpos. La noche nos invita al descanso, a recuperar fuerzas e ilusiones. 
       
Amanece en Siberia, el agua fresca de Siberia termina de despertarme, el olor de la naturaleza mojada por la lluvia se parece al aroma que deja Dios cuando camina por el campo, visitando los amores sencillos, humildes y acogedores de sus predilectos los pobres del Campo. La humildad no se compra, se vive y hay que revestirnos de ella continuamente: “Revístanse de humildad unos para con los otros, porque Dios resiste a los orgullosos, pero da su gracia a los humildes. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que, llegado el momento, él los levante. Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes.” (1 Pedro 5, 5b-7).

Amanece en Siberia, vamos camino abajo iluminando con lámpara el camino abajo; Siberia se queda atrás en silencio, a penas visible. El Regadío nos pone en dirección al Zonte, puerta hacia la Libertad. Aparece el silencioso que no duerme, el mar. El mar se mueve y sus oleajes hechos espumas cambian el horizonte. La montaña con olor a naturaleza silvestre se ha quedado atrás, el olor y la humedad del mar abren los poros de todo el cuerpo. La costa es la costa, los restaurantes a la orilla de la litoral, las veraneras multicolores, las entradas a las playas El Zonte,  El Palmar, El Zunzal, El Tunco, El Majahual, San Blas, Conchalío y finalmente nuestro puerto al que todos y todas queremos llegar: La Libertad.  La libertad es ésta: “La voluntad de Dios respecto de ustedes es que, obrando el bien, acallen la ignorancia de los imbéciles. Sean libres, pero no hagan de la libertad un pretexto para hacer el mal. Sean libres como servidores de Dios” (1Pedro 2, 15-16).

Finalizó mi día de descanso, mi espíritu retirado vuelve al trabajo cotidiano, mi espíritu vuela, desde la costa a la montaña donde Siberia Sur me espera siempre con los brazos abiertos y con su rostro sonriente. Gracias Señor por la acogida y la atención que he recibido entre los y las pobres. Todo me salió como “anillo al dedo”, pero desde hoy_ escuchando con respeto la conversación que no es conmigo, cuando todo sale bien_ incorporo la versión campesina de este dicho urbano: Todo me salió como anillo en trompa de chancho”, como lo escuché bajando de Siberia.

16 de abril de 2013

Tampoco yo te condeno…


Es increíble, no lo puedo creer o me cuesta creer: Jesús no condena a los y las pecadoras. Si  eso es así, tampoco Dios condena a las personas pecadoras. Eso sí, con su perdón nos libera del pecado, cualquiera que sea y nos invita a caminar, a no detenernos, a irnos con un corazón liberado y con la convicción de que el pecado nos arranca la dignidad de hijos e hijas de Dios. El amor hecho perdón hace cicatrizar nuestro corazón lastimado, avergonzado, herido y deshumanizado por las negaciones que hacemos en la vida cotidiana.

La presencia y el paso de Jesús en nuestra vida nos cambia radicalmente. Hay que cambiar nuestro rumbo haciendo las cosas a la manera de Jesús: “El amor es más importante que los pecados”. La persona que Jesús ha amado y perdonado como la mujer adúltera, Pedro el pescador, Mateo el cobrador de impuestos, Tomás el incrédulo etc., debe amar tres veces más que las personas normales, que aquellas que son buenas y que no necesitan del perdón de Dios. Ama más al que más se le ha perdonado y “Al que poco se le perdona, poco ama” (Lc. 7, 36-49).

Jesús es un hombre de oración, eso lo sabemos. Es un hombre que dialoga con Dios, porque eso es esencialmente la oración, un dialogo con Dios, como un amigo o amiga dialoga con  su persona de confianza. Es un hombre de oración porque en ella encuentra y busca la voluntad de Dios para su vida. Jesús sólo quiere hacer la voluntad de Dios y para esto necesita conquistar la libertad ante las cosas y las personas; apartar de corazón toda afección desordenada, sea por algo bueno o sea por algo no tan bueno. Jesús quiere actuar siempre como actúa Dios. El Dios en el que cree Jesús es un Dios misericordioso, que perdona y ama; que siempre va al encuentro de lo perdido y se alegra cuando lo encuentra.

Por ser un hombre de oración, Jesús es una persona espiritual, es decir, una persona llena de Dios, guiada por Dios y que actúa según el corazón de Dios. Esta espiritualidad hace que Jesús sea profundamente humano; ser espiritual no es ser evasivo de responsabilidades, no es alienarse de separación, no es ver todo como pecado, no es alejarse de la vida y de la sociedad. Como Jesús los cristianos y cristianas debemos ser Luz en el mundo, en el universo, en el cosmos. Jesús es la luz del mundo.

La persona espiritual ve a Dios en todas las cosas, en todos los acontecimientos; lo contempla en la vida cotidiana. La persona espiritual enseña el sendero que nos pone de nuevo en el camino hacia la casa del Padre. La fe de la persona espiritual hace que vea a Dios y su amor presente en todas las cosas y más en sus semejantes. Jesús es visto por la gente sencilla, humilde e ignorante como un Maestro, como un rabí, como alguien que usa la palabra como puente de comunicación entre Dios y los seres humanos a través de sus enseñanzas. La gente busca a Jesús para escuchar la Palabra de Dios. Jesús no habla de Dios, lo enseña con su vida: «conocer a Jesús es conocer al Padre» (Jn. 8, 19; 12, 45; 14, 9). “Es decir, El Padre-Dios se da a conocer en Jesús”.

Quienes ven en Jesús un peligro para su prestigio, su poder, su hipocresía y su cinismo lo consideran un adversario y un enemigo al que hay que aniquilar porque no sólo intranquiliza sus conciencias, sino que pone en tela de juicio sus enseñanzas y su proceder, aunque sean profesionales sabios de la religión, y practicantes de la ley, piadosos; su poca misericordia y ausente justicia les hace tan pecadores como aquellos y aquellas que caen en faltas graves de convivencia social, como el adulterio, sin embargo se consideran justos y buenos, intachables. La arrogancia , la soberbia es tan grave como la promiscuidad.

El adulterio es de dos y es entre personas casadas. El hombre adúltero busca a otra mujer que no es la suya, es difícil encontrar el caso contrario aunque no imposible: “no desear la mujer de tu Prójimo”. ¿Quién tomó la iniciativa? ¿Dónde está el adúltero? La Ley de Moisés, condena el adulterio en ambos géneros, hombre y mujer deben morir lapidados: “Si alguno comete adulterio con una mujer casada, con la mujer de su prójimo, morirán los dos, el adúltero y la mujer adúltera (Lev. 20, 10).También en Dt. 22,-24, dice: Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos, el adúltero y la adúltera. Así harás desaparecer el mal de Israel. Si una joven está prometida en matrimonio a un hombre, y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, los llevarán a los dos y los apedrearán hasta que mueran: la joven porque no gritó y no pidió ayuda, estando en la ciudad, y el hombre, porque deshonró a la mujer de su prójimo. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti”. La ley defiende la vida, la integridad de la persona, la convivencia social, el respeto, la igualdad entre personas. Aunque la ley sea divina, la vida humana lo es más.

En el pasaje de la Mujer adúltera o de los adúlteros solapados hay que tomar una opción: La Ley o la vida de una persona. “O se hace respetar la ley a costa de una vida humana, o se protege la vida aunque haya que pasar por alto la ley”. La posición de Jesús, que es la de Dios, es optar por la vida. Por encima de cualquier ley está la vida. La ley fue hecha, desde el principio, para defender la vida y organizar una sana convivencia humana, para eso se la entregó Dios a Moisés. Dios no se puede contradecir consigo mismo.